La igualdad queer se vuelve obligatoria para las empresas
Obligatorio a partir de cincuenta personas en plantilla: cómo España llevó la igualdad queer a las empresas.
El 8 de octubre de 2024, el gobierno español convirtió la igualdad queer en una tarea obligatoria para las empresas. Con el Real Decreto 1026/2024 obligó a las empresas de más de cincuenta personas en plantilla a introducir medidas concretas para la igualdad de trato de las personas lesbianas, gays, bisexuales, trans e intersexuales. Al día siguiente, el decreto se publicó en el Boletín Oficial del Estado, y el 10 de octubre entró en vigor.
La base legal ya existía: en febrero de 2023, España había aprobado la llamada Ley Trans, que también debía reforzar los derechos de las personas LGTBI. Su artículo quince exigía a las empresas más grandes un conjunto planificado de medidas y un protocolo de protección frente al acoso. Pero cómo aplicar esas exigencias seguía sin estar claro. El nuevo decreto aportó claridad.
Los requisitos van desde cláusulas de igualdad de trato y criterios justos de contratación y promoción hasta formación y un lenguaje inclusivo. Tampoco en permisos y beneficios sociales puede discriminarse a nadie. A ello se suma un procedimiento para detectar y sancionar el acoso y la violencia contra el personal queer. La empresa y la representación de los trabajadores deben negociar las medidas conjuntamente. Si en tres meses no hay acuerdo, se aplican provisionalmente los mínimos de los anexos del decreto.
España enlaza así con la igualdad entre mujeres y hombres en las empresas. En ese ámbito, los planes de igualdad ya son obligatorios a partir de cincuenta personas en plantilla. Ahora, la orientación sexual y la identidad de género se incluyen también de forma vinculante en la protección frente a la discriminación en el trabajo.
Desde abril de 2025, las medidas deben estar implantadas, con independencia de que las partes hayan llegado a un acuerdo. Lo decisivo es cómo funcionan en el día a día laboral. Porque la discriminación aparece a menudo de forma casual: en los ascensos, en los expedientes de personal o en la conversación junto a la máquina de café. Ahí es donde el decreto quiere cambiar algo.