Un sí ajustado a la unión registrada
Estonia se convierte en el primer Estado exsoviético con unión registrada. Con solo dos votos de ventaja.
El 9 de octubre de 2014, el Parlamento estonio tomó en Tallin una decisión que dividió profundamente al pequeño país. Con la ley de convivencia, en estonio Kooseluseadus, el Riigikogu creó la posibilidad de que dos personas adultas registraran ante notario su vida en común con independencia de su sexo. Estonia fue así el primer Estado de la antigua Unión Soviética en reconocer jurídicamente a las parejas del mismo sexo.
La votación fue extremadamente ajustada: cuarenta diputados votaron a favor y treinta y ocho en contra. El presidente Toomas Hendrik Ilves firmó la ley ese mismo día. Su razonamiento: un país pequeño no puede permitirse que su gente se discrimine entre sí.
Pero la resistencia fue grande. El Consejo de Iglesias de Estonia, que representa a diez comunidades cristianas, había combatido la ley e incluso la había calificado de peligro para la seguridad del país. También las encuestas mostraban un rechazo mayoritario entre la población. Algunos medios internacionales informaron entonces erróneamente de que Estonia había introducido el matrimonio igualitario. En realidad, la ley no hablaba de matrimonio.
A principios de 2016 entró en vigor la ley de convivencia. Pero las normas de desarrollo necesarias quedaron bloqueadas durante años, porque partidos conservadores formaban parte de las sucesivas coaliciones de gobierno. Las parejas podían registrar su unión, pero en la vida diaria se encontraban con lagunas jurídicas. Finalmente, el Tribunal Supremo aclaró que la ley era válida también sin esas normas y que los tribunales debían aplicarla.
Poco a poco cambió el clima social. Nueve años después de la ajustada votación, el Parlamento aprobó la apertura del matrimonio a las parejas del mismo sexo. Desde principios de 2024 pueden casarse en Estonia. El camino lo había allanado la decisión del 9 de octubre de 2014.