Servir sí, mandar no
Una resolución del Tribunal Administrativo Federal cerró durante más de veinte años toda carrera a los soldados gays.
El 25 de octubre de 1979, la Primera Sala Militar del Tribunal Administrativo Federal rechazó el recurso de un soldado cuya homosexualidad se había conocido en el servicio. La fundamentación era breve; su efecto duró décadas: bastaba con que los subordinados supieran de la «inclinación homosexual» de un superior para que el servicio pudiera verse afectado de forma duradera. Las circunstancias concretas no importaban.
Y eso que ese mismo año la Bundeswehr parecía abrirse. Abandonó la práctica de declarar no aptos por principio a los hombres gays. Ahora podían servir, pero se les negaba la responsabilidad de mando. El Ministerio de Defensa vio confirmada su postura por la resolución. Si se conocía la homosexualidad de un oficial o suboficial, se arriesgaba a ser trasladado de la tropa a un estado mayor. Ni siquiera unas evaluaciones excelentes protegían de ello.
Para los afectados, eso significaba tener que ocultar una parte esencial de su vida. El historiador Klaus Storkmann entrevistó a más de sesenta testigos cuando investigó por encargo del ministerio la historia de esta discriminación. Uno de ellos era un jefe de compañía con las mejores perspectivas de carrera. En 1981 fue relevado, suspendido del servicio y se le prohibió la entrada al cuartel. Su pareja, que acababa de ser llamada a filas, intentó suicidarse tras el traslado disciplinario. Sobrevivió por muy poco.
Durante décadas fracasaron los intentos de tumbar esta práctica en los tribunales. Solo en 1999 llegó a Karlsruhe el recurso de amparo de un teniente que había perdido su puesto de jefe de sección. Para adelantarse a una sentencia, el ministerio llegó a un acuerdo extrajudicial con él. En verano de 2000 puso fin a la discriminación mediante un decreto. Pasaron otros veintiún años hasta que los afectados fueron rehabilitados y pudieron recibir una indemnización.