Un tribunal dice que ser gay no necesita cura
Hipnosis y electrochoques contra la homosexualidad: un tribunal de Pekín da la razón por primera vez a la víctima.
El 19 de diciembre de 2014, un tribunal de distrito de Pekín dictó una sentencia que hizo historia jurídica en China. Por primera vez, un tribunal del país se ocupaba de la llamada terapia de conversión. Y se puso del lado del demandante gay.
Yang Teng había ingresado voluntariamente a principios de 2014 en una clínica psicológica privada. Voluntariamente, pero no sin presión: sus padres lo apremiaban para que se casara de una vez y tuviera un hijo. En la clínica primero lo hipnotizaron, y después vinieron los electrochoques. Debían quitarle los sentimientos hacia los hombres. Según él, le quedaron secuelas físicas y psíquicas.
Yang decidió no callar. Demandó a la clínica y, además, al buscador Baidu, que había hecho publicidad de la oferta. Para un hombre gay en China, ya ese paso a la luz pública era valiente.
La sentencia del tribunal popular del distrito de Haidian fue mixta. La clínica tuvo que devolver a Yang los 3500 yuanes del tratamiento, unos 560 dólares. El tribunal no le concedió indemnización por daños morales, y la demanda contra Baidu fue desestimada. Lo decisivo fue la fundamentación. Según su abogado, el tribunal estableció que los electrochoques habían sido innecesarios, porque la homosexualidad no requiere tratamiento.
Para China era una frase notable. Allí, el sexo entre hombres no es delito desde 1997, y desde 2001 la homosexualidad ya no se considera oficialmente un trastorno mental. Aun así, las clínicas seguían ofreciendo una supuesta cura, a menudo anunciada en internet. La sentencia no prohibió esa práctica. Pero mostró que las personas afectadas pueden defenderse. Y dio por primera vez eco en una sala de tribunal a un sentimiento que muchas personas queer de China conocían: que no hay nada malo en ellas.