La homosexualidad deja de ser «peligrosidad social»
España, 1978: la homosexualidad deja de considerarse «peligrosidad social». Pero la comunidad estaba aún lejos de ser libre.
El 26 de diciembre de 1978 se firmó en España una ley que a primera vista parece insignificante. Modificaba la ley franquista de Peligrosidad y Rehabilitación Social y suprimía de ella un único punto: las personas que realizaran «actos de homosexualidad».
La ley era de 1970, de los últimos años de la dictadura. No trataba la homosexualidad como un delito común, sino como un peligro para la sociedad que había que «curar». A quien era sorprendido se le podía internar en un centro de reeducación, desterrar de su ciudad o someter a vigilancia. Para los hombres gays había dos cárceles específicas, Huelva y Badajoz. Los supervivientes hablan de palizas, violaciones y electrochoques.
La muerte de Franco en noviembre de 1975 cambió poco al principio. Las amnistías de los años siguientes liberaron a los presos políticos, pero quien era considerado «socialmente peligroso» seguía entre rejas. La presión la ejerció el joven movimiento gay y lésbico. Su primera manifestación del Orgullo recorrió Barcelona en 1977, cuando la ley aún estaba plenamente vigente.
La reforma coincidió con los días de la nueva Constitución democrática y puso fin a la persecución legal específica. Pero la comunidad queer estaba aún lejos de ser libre. La policía recurrió entonces al delito de «escándalo público». Sobre todo las mujeres trans siguieron siendo detenidas, algunas decenas de veces. Esa puerta trasera no se cerró hasta años después.
Hoy, España se considera uno de los países más abiertos de Europa; el matrimonio igualitario llegó ya en 2005. La historia de los «peligrosos sociales» recuerda lo joven que es esa libertad. Y cuántas personas pagaron un alto precio por ella.