Ciento cinco votos por el matrimonio igualitario
Escocia dice sí: por abrumadora mayoría, Holyrood abrió el matrimonio a las parejas del mismo sexo.
El 4 de febrero de 2014 reinaba un ambiente festivo ante el Parlamento escocés en Edimburgo. Dentro, los diputados votaban la Marriage and Civil Partnership (Scotland) Bill. El resultado fue claro: ciento cinco votos a favor y dieciocho en contra, sin una sola abstención. Escocia se convirtió así en el decimoséptimo país del mundo en abrir el matrimonio a las parejas del mismo sexo.
El camino había sido largo. El sexo entre hombres no se había despenalizado en Escocia hasta 1980, mucho más tarde que en Inglaterra y Gales. Desde mediados de los años dos mil existía la unión civil. Pero a muchas parejas no les bastaba. La veían como un matrimonio de segunda clase.
La oposición vino sobre todo de las dos grandes Iglesias. La Iglesia de Escocia y la Iglesia católica advirtieron de que la reforma cambiaba la esencia del matrimonio. Por eso el gobierno optó por un sistema voluntario: las comunidades religiosas pueden casar a parejas del mismo sexo, pero no están obligadas. Otras, como los cuáqueros, llevaban años defendiendo la apertura.
El ministro de Sanidad Alex Neil, que había presentado el proyecto, resumió el día en una frase sencilla. El matrimonio trata de amor, y de eso se había tratado siempre en esta cuestión.
En marzo, la ley recibió la sanción real. A mediados de diciembre, las primeras parejas pudieron convertir su unión civil en matrimonio, algunas pocos minutos después de su entrada en vigor. Las primeras bodas propiamente dichas llegaron en Hogmanay, como llaman los escoceses a la Nochevieja. Desde entonces se han casado miles de parejas.
Dentro del Reino Unido solo quedó fuera Irlanda del Norte. Allí el obstáculo no cayó hasta 2020, y ni siquiera entonces por decisión de su propio parlamento regional, sino por presión de Westminster.