La carta de un «amoral»
En plena cacería contra 108 hombres, una carta anónima al director se atrevió a llevar la contraria. Diez años antes de Stonewall.
El 30 de septiembre de 1959 apareció en el diario «El País» de Asunción una carta al director sin firma. Se titulaba «Carta de un amoral». Hoy se considera la primera voz pública a favor de la libertad sexual en Paraguay, diez años antes de Stonewall.
El contexto era sombrío. A principios de septiembre, el locutor de radio Bernardo Aranda, de veinticinco años, había sido hallado quemado en su vivienda de Asunción. La policía del dictador Alfredo Stroessner habló de un crimen pasional. Buscó a los autores entre hombres homosexuales, aunque Aranda tenía novia.
Siguieron redadas, interrogatorios y torturas. El afín al régimen «El País» informó de que se interrogaba a 108 personas de «dudosa moralidad». El número se convirtió en un insulto. El 108 desapareció de números de casas, matrículas y números de teléfono. Una revista satírica dibujó a hombres con el número en la espalda, perseguidos por policías con porras.
En medio de esa campaña de odio irrumpió la carta anónima al director del diario. Quién escribió aquellas líneas sigue sin saberse. El autor reprochaba al periódico insultar a personas honradas como una lacra social en lugar de reflexionar. Él y los suyos seguían una inclinación tan antigua como la humanidad. Nadie podía quitarles el derecho a decidir sobre sí mismos mientras no molestaran a los demás. En estas cosas no había una moral colectiva, solo una personal.
La persecución no terminó con ello. Tras otro asesinato, en 1982 llegó la siguiente gran ola. Hoy, el movimiento queer de Paraguay recuerda la carta cada año en septiembre con una manifestación. El 108 ya no significa solo vergüenza. Se ha convertido en un símbolo de resistencia.