Sin matrimonio, sin pensión
Sin matrimonio, sin pensión: cómo una enfermera británica luchó en Luxemburgo en 2004 por su pareja trans.
El 7 de enero de 2004, el Tribunal de Justicia de las Comunidades Europeas dictó en Luxemburgo una sentencia que a primera vista sonaba a árido derecho de pensiones. Pero en el fondo se trataba de saber si un Estado puede negar el matrimonio a las personas trans sin que ello tenga consecuencias.
La demandante solo aparece en los expedientes como K.B. Había trabajado veinte años como enfermera para el National Health Service británico y cotizado a su caja de pensiones. Desde hacía muchos años vivía con su pareja R., un hombre trans. Ambos querían casarse para que R. recibiera la pensión de viudedad tras la muerte de ella. Pero el derecho británico no reconocía su reasignación de sexo. Para el Estado, R. seguía siendo una mujer, de modo que el matrimonio quedaba excluido. Y sin certificado de matrimonio no había pensión.
K.B. acudió a los tribunales e invocó la prohibición de discriminación salarial por razón de sexo. El Court of Appeal remitió finalmente el caso a los jueces de Luxemburgo.
Su respuesta fue matizada. Que una pensión de supervivencia corresponda solo a las personas casadas no es discriminatorio en sí mismo. El problema estaba en otra parte: la pareja no podía cumplir el requisito del matrimonio porque la ley se lo impedía. Por eso, una normativa así era en principio incompatible con el derecho comunitario. Si K.B. podía invocarlo en su caso concreto, debían aclararlo los tribunales británicos.
Para Londres, la sentencia no fue del todo una sorpresa. Ya en el verano de 2002, el Tribunal Europeo de Derechos Humanos había decidido en el caso de la mujer trans Christine Goodwin que Gran Bretaña vulneraba sus derechos. Ahora la presión crecía por dos lados. Ese mismo año, la Gender Recognition Act recibió la sanción real. Desde la primavera de 2005, las personas trans del Reino Unido pueden hacer reconocer legalmente su género y casarse en él.