El fin de la prohibición de por vida de donar sangre
Tras más de treinta años, los hombres gays pudieron volver a donar sangre en Irlanda. Un estudiante había luchado por ello.
El 16 de enero de 2017, Tomás Heneghan entró en un centro de donación de sangre de la calle D'Olier de Dublín. Para el joven estudiante de Galway era más que una cita rutinaria. Ese día fue uno de los primeros hombres abiertamente gays autorizados a donar sangre en la República de Irlanda en más de treinta años.
La prohibición de por vida para los hombres que habían tenido sexo con hombres databa de los años ochenta. Con la aparición del VIH, el servicio irlandés de transfusiones excluyó a todo ese grupo, independientemente del comportamiento real de cada persona. La norma sobrevivió décadas, incluso cuando las pruebas y el conocimiento médico habían cambiado hacía tiempo.
Heneghan no quiso aceptarlo. En la primavera de 2015 fue rechazado en Dublín después de declarar con sinceridad que había tenido sexo con hombres. Recurrió al High Court. La presión surtió efecto: el servicio de transfusiones hizo revisar la norma por especialistas internacionales, y en el verano de 2016 el ministro de Sanidad Simon Harris anunció el fin de la exclusión de por vida. Heneghan retiró entonces su demanda.
Sin embargo, el obstáculo no había desaparecido del todo. Quien quisiera donar debía ahora llevar doce meses sin tener sexo con hombres. Tras su donación, Heneghan habló de un deber cívico, pero calificó el plazo restante de innecesario, discriminatorio y desproporcionado. Pidió que se evaluara a cada persona individualmente según su conducta de riesgo, en lugar de poner bajo sospecha general a todo un grupo.
Con la regla de un año, Irlanda estaba en la media europea. Países como Italia y España ya evaluaban entonces la conducta personal y no la orientación sexual. En los años siguientes, el plazo de espera irlandés se acortó aún más. Pero el día en la calle D'Olier sigue siendo el momento en que un estigma de décadas mostró sus primeras grietas visibles.