Casi por unanimidad contra la visibilidad
Dentro, casi toda la Duma levantó la mano; fuera, parejas que se besaban fueron agredidas y detenidas.
El 25 de enero de 2013, la Duma Estatal rusa votó en primera lectura una ley que debía prohibir la «propaganda de relaciones sexuales no tradicionales» ante menores. El resultado fue casi unánime: trescientos ochenta y ocho diputados dijeron sí, uno solo votó en contra y otro se abstuvo.
Mientras tanto, ante el edificio del Parlamento en Moscú se desarrollaba una escena muy distinta. Una veintena de activistas se habían reunido para un «kiss-in». Se besaban de forma demostrativa ante las cámaras. Contramanifestantes ortodoxos les lanzaron huevos y desinfectante verde, rezaban en voz alta y golpeaban. La policía intervino, pero detuvo sobre todo a quienes protestaban. De los agresores no se detuvo a nadie.
El proyecto no surgió de la nada. Varias regiones, entre ellas San Petersburgo, ya tenían prohibiciones similares. Ahora la norma debía aplicarse en todo el país, con multas para particulares, funcionarios y empresas. Qué debía considerarse exactamente «propaganda», el texto lo dejaba abierto. Precisamente eso lo hacía tan peligroso.
Human Rights Watch y Amnistía Internacional lanzaron advertencias insistentes. La ley vulneraba la libertad de expresión de todas las personas en Rusia y creaba un clima en el que la violencia contra las personas queer parecía aceptable. La advertencia cayó en saco roto. En junio de 2013, el proyecto superó definitivamente la Duma y poco después lo firmó el presidente Vladímir Putin.
Ahí no quedó la cosa. En 2022, la prohibición se amplió a los adultos, y un año después el Tribunal Supremo declaró el «movimiento LGBT internacional» organización extremista. También fuera de Rusia el modelo hizo escuela, por ejemplo en Hungría y Bulgaria.
Al comienzo de esta evolución están las imágenes de aquel enero: parejas que se besaban, salpicadas de verde, detenidas por la policía, mientras dentro casi todo el Parlamento levantaba la mano.